La falta de rumbo y la confusión en el mundo del arte, en un contexto de desarrollo incesante de la fuerza expresiva de la moda, invita a que ésta se posicione como “nuevo valor artístico” en la sociedad.

Se multiplican las exposiciones de objetos de diseño, en especial de moda, como obras de arte tanto en exhibiciones privadas como en museos internacionales.

Es así que en 2011, “Savage Beauty” de Alexander Mc Queen, se convirtió en la exposición más visitada en la historia del Victoria & Albert Museum.

Victoria Albert Museum

“Una retrospectiva del trabajo del diseñador de modas Alexander McQueen fue el espectáculo más popular jamás realizado en el museo Victoria and Albert”, dijo el subdirector Tim Reeve. Se vendieron más de 480,000 entradas para Savage Beauty, la exposición teatral, romántica y algunas veces espeluznante del trabajo de McQueen, que se cerró el domingo por la noche en V&A.

(“Alexander McQueen: Savage Beauty is most popular show in V&A’s history”, 2018)

Savage Beauty is most popular show in V&A's history

Crédito: Andy Rain/EPA

Además de ser la más visitada, a Savage Beauty se le asignó el mayor presupuesto de todas las instalaciones realizadas por el museo.

De esa forma, el arte tomaba prestadas algunas características de las grandes exhibiciones de moda: el presupuesto para un desfile de una marca internacional de lujo como McQueen es de “millones de dólares” (Binkley, 2015)

Reeve dijo que Savage Beauty se lanzó con un presupuesto de 3 millones de libras esterlinas, que es “mucho más de lo que este museo haya gastado alguna vez en un espectáculo”.

“Alexander McQueen: Savage Beauty is most popular show in V&A’s history”, 2018

A través de un “derroche ostensible”, (Veblen) el museo apostó a ponerse a tono con el legado de la marca y en tanto los diseños fueron exhibidos como objetos de arte se los desligaba de su utilidad funcional, evidenciando exclusivamente su valor estético/simbólico. Así, la institución imprimió el carácter “fantástico” de las presentaciones del diseñador, lo que nos recuerda a Bataille:

“Cantidades de dinero considerables se gastan en mantenimiento de locales, de aparatos y de hombres. Las energías se prodigan, en lo posible, con la finalidad de provocar un sentimiento de estupefacción y, en todo caso, con una intensidad infinitamente más grande que en las empresas de producción.”

(Bataille, 2002. pág. 3)

Es entonces, que ya alejadas de un sistema de producción, se “validan” las creaciones del diseñador y alcanzan el estado de obra de arte.

Este podría ser un nuevo estadio del sistema moda. Desde Simmel, la moda había tomado un papel clave para la inserción del individuo en el contexto social. El objeto producido, luego vendido y comprado deviene en símbolo de clase, y entonces aparece la relación que Simmel llama individuo-producto (Marinas, 2000). Quien pueda acceder a estos objetos (de arte o de moda) entendidos como sistemas de valores simbólicos no lo hace solamente por el artículo en sí. Su finalidad es la pertenencia a una “red mayor de pautas culturales, de relatos y signos en la que los objetos se presentan y adquieren argumento.”  (Marinas,2000)

Esta red de significados conforma y definen un estatus en el que la diferenciación y pertenencia del individuo a un grupo se ha ido transformando en pauta cultural, una compuesta por fragmentos con significados cambiantes, que al igual que el arte “revela un reino ideal más allá de las apariencias del mundo de los fenómenos” (Maquet, 2018)

En la medida en que esos fragmentos no se restringen a su materialidad, conforman un cuerpo más importante, se vuelven “estilo de vida”.  En palabras de Simmel: “…solo en la medida en que toda energía interna trasciende la medida de su exteriorización visible, adquiere la vida esa riqueza de posibilidades inagotables que completa su realidad fragmentaria…” (2015).

Ese estilo de vida cobra identidad no por la homogeneidad de sus componentes, sino en la relación con otros “estilos” de la sociedad. No por aislamiento, sino por contraste con esos otros grupos es que se fomenta la pertenencia.  Se van delineando así, rasgos característicos que no se pueden “objetivar” (Barth), creando una identidad que siempre será “relacional”.

La adquisición de esos objetos que conforman ese estilo de vida devino en símbolo de poder a la vez que elevó las expectativas estéticas. Eso hoy requiere, no solo la sofisticación del diseñador y de su mensaje, sino también del espectador, del cliente y de marcas rivales. Tal como en el arte, esta sofisticación obliga a todos a perfeccionarse para poder “leer el mensaje” de esa nueva estética, cuya materialidad efímera, no hace más que volverla un fetiche. Los objetos o sus discursos, adquieren así, una eficacia simbólica (Levi Strauss), esa capacidad de intervenir en nuestro modo de pensar, de sentir y hasta de reaccionar orgánicamente.

La eficacia simbólica consistiría precisamente en esta «propiedad inductora» que poseerían, unas con respecto a otras, ciertas estructuras formalmente análogas capaces de constituirse, con materiales diferentes en diferentes niveles del ser vivo: procesos orgánicos, psiquismo inconsciente, pensamiento reflexivo.» (Levi Strauss, 1980)

De allí, la imperiosa necesidad de adquirir esa nueva estética, no solamente por la experiencia que conlleva disfrutarla, sino también por el mero hecho de adquirirla.  La adquisición, impetuosa, casi “furtiva” le da un carácter honorífico (Veblen) a quien la posea.  Aún más allá, tanto quien tenga el impulso creador, el dinero, y “voluntad de poder” (Nietzsche) para entronizar esa nueva estética, como quien tenga la sensibilidad para apreciarla y poder pecuniario para adquirirla y adoptarla, conforman un estadio más elevado en una red societal. Uno que, al igual que la naturaleza crece constantemente, que no sobrevive conservando lo que posee, por lo que la conquista de lo nuevo se vuelve imprescindible para vivir.

Ese estadio impulsado por la voluntad de poder es capaz, ya sea por su tamaño o por su fuerza, de imponer su verdad, la “Nueva Verdad” estética, tanto en el Arte como en la Moda, en donde, como dice Nietzsche “No hay hechos, sino interpretaciones de los hechos” (Massiel, 2009).

Bibliografía

Ramiro de León: Licenciado en Diseño de Indumentaria Diseño de Indumentaria, graduado con honores – Magna Cum Laude – por la Universidad de la Empresa (UDE), también es egresado de la Peter Hamers’ Fashionacademy y del Strasser Fashion Center. Hoy tiene en su haber más de 50 desfiles de colección, en los que combina diseño y las mejores tecnologías en una búsqueda constante de nuevos niveles de sofisticación.

Leave a Reply