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Antecedentes Modelo Educativo siglo XXI

Desde mediados del siglo XX e inicios del XXI se generó un movimiento de expertos en analizar qué educación se requiere para el futuro, el que se materializó en un espacio de reflexión sobre cómo preparar a los niños y jóvenes para un futuro incierto, en continuo cambio y crisis tal como lo estamos viviendo en este tiempo con la pandemia.

El futuro incierto y el desarrollo del conocimiento científico y tecnológico demandan estudiantes que, más que repetir contenidos, deben elaborar sus propias ideas y generar su propio conocimiento desde un espíritu emprendedor.

Por otra parte, la realidad plantea un progresivo proceso de automatización de las actividades gerenciales, excepto aquellas que son complejas para que las haga un robot como el análisis, el pensamiento crítico, la creatividad, los valores que cada uno tiene, entre otros. Por lo tanto, lo que aprendan ahora quizás ya no sea pertinente para el momento en que los niños y jóvenes de hoy se inserten en el mundo laboral y social.

En este sentido, a inicios del siglo XXI se creó la red denominada “Partnership for 21 century skill” o P21, encabezada por la Asociación Nacional de Educación (National Education Association – NEA) que agrupó a diferentes referentes de la sociedad y actores del sistema educativo norteamericanos. A lo largo de este período fueron generando un modelo educativo dentro de un contexto y clima de aprendizaje activo y significativo incorporando la tecnología como espacio virtual de aprendizaje. Su finalidad ha sido asegurar una educación de calidad y pertinente para todos los niños y jóvenes que los prepare al futuro.

Qué deben aprender los niños y jovenes del siglo XXI

En este marco se creó el modelo denominado las “4 C” (Pensamiento crítico, creatividad, comunicación y colaboración), que junto a la Agenda 2030 de la UNESCO van creando un camino para que las instituciones educativas construyan sus propios proyectos educativos a partir de cada uno de sus contextos, con un enfoque de calidad y aprendizaje a lo largo de la vida.

Esta es una base curricular que lo que importan son ciertos aspectos como el aprendizaje activo, el clima de aprendizaje invertido y el uso de herramientas de información, así como de comunicación como zoom, Google Meet, Slack, entre otros.

Modelo Educativo centrado en las 4C

El modelo educativo centrado en la formación de las 4C tiene como finalidad orientar a las instituciones educativas con el objetivo de que preparen a los estudiantes para un desarrollo pleno, tanto para la vida en todas sus dimensiones a lo largo de su vida.

En este sentido, a los efectos de que el lector comprenda estas cuatro dimensiones se exponen a continuación y cómo cada una implica o está asociada a un objetivo de aprendizaje.

El pensamiento crítico supone desarrollar una capacidad profunda de análisis, demanda ser reflexivo por excelencia e involucra altos niveles de concentración y procesos complejos mentales de cuestionamiento a través de preguntas. Es la puesta en relación entre contenidos y prácticas, entre el saber y el saber hacer a partir de un análisis sobre las causas y efectos involucrados en la toma de decisión.

Por otra parte, el Pensamiento Crítico colabora al éxito en los estudios de los estudiantes e influye en las formas de aprender a aprender y en la autonomía de sus propios aprendizajes. Su aplicación se fomenta a través de una enseñanza basada en metodologías como en el aprendizaje basado en problemas, incluyendo instancias de auto evaluación y evaluación por pares, promoviendo etapas de reflexión tanto individual como grupal.

La segunda dimensión es el Pensamiento Creativo que se manifiesta como aquel que permite generar a través de nuevas ideas, nuevas respuestas y conocimientos, es la base para el diseño e innovación, y no está solamente asociada al arte, sino también con el avance de la ciencia y el desarrollo tecnológico. Cuando el pensamiento creativo se integra con el pensamiento crítico se logra un pensamiento complejo que permite a las personas un desarrollo pleno y adaptarse al mundo como el actual y la construcción de futuro.

La tercera dimensión es la Comunicación como eje clave para la construcción de redes y comunidades de aprendizaje en contextos globalizados del conocimiento. En este sentido existen dos aspectos de esta dimensión:

  • Un grupo de saberes que permiten examinar, analizar, interpretar y evaluar la información en el mundo de hoy, donde el acceso a los recursos de información parece ser ilimitado. Estos aspectos están vinculados a la comprensión de lectura y búsqueda de información, así como su uso para transformarlos en nuevos conocimientos.
  • La inteligencia interpersonal que permite la comunicación compleja con otros a través de nuestras ideas, lo que implica la explicación y la negociación, es lo que se ha estimado como menos probable de automatización.

De allí que el clima de aprendizaje se vuelve clave para el desarrollo de estas competencias al colocar a los estudiantes en una situación que realicen análisis y procesen una gran cantidad de información de forma eficaz, cuestionando las fuentes de información y las intenciones que motivan su divulgación.

El poder de los medios y las tecnologías de la comunicación también han generado cambios en las formas y capacidades de vinculación. Permiten la conformación de equipos de trabajo internacionales, abarcando no sólo diferentes zonas horarias, sino también diferentes naciones y culturas. Desde esa perspectiva, la Comunicación entre las personas que integran esos equipos de trabajo, deben combinar la claridad y eficacia para transmitir una idea, con la empatía y habilidad social necesarias para trabajar en equipos diversos.

La última dimensión es la colaboración como base clave para la capacitación de liderazgo y trabajo en equipo, que requiere, entre otras cosas, visualizar y definir metas comunes y fijar acuerdos para lograrla. Los estudiantes deben aprender a asumir la responsabilidad de forma compartida y orientadas a metas a través de liderazgos colectivos.

La integración de las dimensiones

En este punto se plantean algunas conclusiones sobre qué debería contener un proyecto educativo de una institución educativa para formar niños y jóvenes para el siglo XXI que se comprometa a prepararlos para la ciudadanía activa, su desarrollo personal y la vida misma, para construir una sociedad post-pandemia (sabiendo que nos deja esta pandemia). Algunas de las premisas deberían ser:

  1. Abordar la metacognición como base para el proceso de aprendizaje, o sea permitir a los estudiantes reflexionar sobre sus propios procesos de aprendizaje, el aprender a aprender asociados a la creatividad y la innovación, así como el pensamiento complejo (incluso pensamiento computacional).
  2. Estimular la interconexión entre la comunicación y la colaboración entre ellos, tal como se observa en las comunidades investigativas y científicas, asociada a las nociones de ciencia abierta, y -junto con la tecnología- las posibilidades de acceder a recursos abiertos y organizaciones como las Creative Commons.
  3. Desarrollar un clima de trabajo colaborativo, que permite a las personas generar información, difundirla y compartirla con otros, e incluso llegar a la visualización y la denuncia de hechos percibidos socialmente como injustos y reprochables tal como es la ciudadanía activa.
  4. Estimular la multiplicidad de perspectivas individuales, la diversidad cultural, generacional y las múltiples trayectorias de vida. Los perfiles heterogéneos a la interna de los colectivos enriquecen a las personas, principalmente en la sociedad global actual en este contexto histórico. En este punto son claves la comunicación, la empatía y la tolerancia; también el pensamiento crítico frente a la reflexión personal, los prejuicios, así como los valores y visiones compartidas a partir de las heterogeneidades.
  5. Estimular la innovación y la creatividad en el mismo proceso de aprendizaje autónomo con un fuerte componente social, donde se requieren las competencias interpersonales y trabajo en colaborativo.
  6. Con preguntas para reflexionar sobre la familia, saber integrar a la familia como actor clave en este nuevo modelo, ya que los padres e integrantes familiares son colaboradores de estos procesos. Los niños y jóvenes siguen aprendiendo fuera de las aulas, por lo cual son parte de los resultados que obtienen los estudiantes.

Finalmente, en los contextos actuales se ha dejado en evidencia que durante esta pandemia se han generado iniciativas innovadoras para enfrentar los actuales desafíos sociales, lo que ha estado fuertemente asociado a la capacidad que poseen las personas para generar vínculos con los demás de manera solidaria. Es necesario darle sentido a la formación de los niños y jóvenes de que son actores de su propio futuro, y esa es la finalidad fundamental de las instituciones educativas.

 

Referencias Modelo Educativo siglo XXI

  • Scott, Cynthia, “El futuro del Aprendizaje. ¿Por qué deben cambiar el contenido y los métodos de Aprendizaje en el Siglo XXI”, Cuadernos de Trabajo Nro.13, Investigación y Prospectiva de la Educación, UNESCO, septiembre 2015.
  • Four-Dimensional Education: The Competencies Learners Need to Succeed”, de los autores: Fadel, Charles; Bialik, Maya; Trilling, Bernie. Capítulo 4, Center for Curriculum Redesign (CCR), Boston, traducido por Katherina Kunhardt, del Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile, Santiago de Chile, diciembre 2016.
  • Scott, Cynthia, “El futuro del Aprendizaje (II) ¿Qué tipo de Aprendizaje se necesita para el Siglo XXI”, Cuadernos de Trabajo Nro.14, Investigación y Prospectiva de la Educación, UNESCO, noviembre 2015
  • Suzie Boss, “Guía para Padres sobre el Aprendizaje en el Siglo XXI”, Edutopía

Carolina Abuchalja:

Directora de Facultades y Miembro del Rectorado

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